Mejor escalador II. Progresión en escalada clásica: el bueno, el feo y el grado.

En la escalada hay muchos estereotipos en lo que se refiere a ser un buen escalador y sobre todo en cuál es el camino para convertirse en uno. Me da pena ver escaladores jóvenes reventarse los tendones día tras día haciendo bloque sobre pasos dinámicos en regletas en el gimnasio y soñando con que un día les encantaría hacer una vía de varios largos.

Esta semana continuamos la conversación de la semana pasada y voy a hablar específicamente sobre que os vais a encontrar en la escalada clásica: lo que amaréis y al contrario lo que os resultará brutal a primera vista.

Mejor escalador. Entrenamiento para la escalada clásica y de autoprotección.

Entrenar específicamente ayuda a mejorar. Sin duda, pero no es indispensable y en mí opinión es contraproducente hasta que no tengamos un nivel muy alto. Hace años pasaba innumerables horas en el rocódromo, estaba más fuerte que el vinagre, iba sobradisimo en bloques de resina y de roca, pero me costaba escalar fluido en cuanto me ataba una cuerda a la cintura, incluso sobre chapas.

Hace tres años decidí cambiar completamente de estrategia. Decidí comprometerme a pasar el mayor número de horas en la naturaleza forzándome en los deportes que me hacen sentir intensamente y dejar de entrenar para un día hacer cosas. Además en invierno me transformo en un esquiador/proyecto de alpinista y me gusta tener mis semanas de surf entre temporadas, por lo que dejó la escalada bastante aparcada en el cajón durante varios meses del año. Aún así, estoy escalando mejor que nunca, con mucha diferencia. En mi opinión cuando empiezas a hacer cosas de verdad y dejas de prepararte para un día hacer cosas, es cuando el progreso empieza a aparecer.

Muchos de mis compañeros de escalada, se mueven contundentemente mejor que yo en deportiva; no solo en lo que se refiere a grado, sino que son capaces de luchar de verdad, mientras que yo soy un escalador deportivero muy vago. Me cuesta comprometerme a dar “un pegue de verdad”, cuando empiezo a pasarlo mal es muy fácil perder la concentración, saltar a salvo a la colchoneta o colgarse de la chapa para probar el paso en seco y luego ya darle otro pegue. Sin embargo, cuando entramos en vías de autoprotección, le suelo dar la vuelta a la tortilla y puedo abrir sólidamente largos técnicos, feos y no necesariamente bien protegidos, que a muchos de mis compañeros y fortísimos escaladores prefieren mantenerse al margen.

Cuando entro en un largo o en una tapia que sé que debería salir a la primera, pero donde sé que voy a tener que luchar, remar, concentrarme, autoprotegerme y de dónde sé que no me puedo bajar a medias, ahí es cuando realmente siento que mi cuerpo y mi mente trabajan juntos de manera extraordinaria. El flow de precisión, agilidad, solidez, lectura del terreno y capacidad de resolución de problemas se vuelve intenso a su más alto nivel. Esa es hoy en día la sensación que más me gusta de la escalada.

ONTHEBELAY  Mejor escalador. Entrenamiento para la escalada clásica y de autoprotección.

Hay una razón bastante más simple y menos intensa de por la que la escalada clásica es mi favorita. Las fisuras, diedros, chimeneas y placas en el sexto grado son sin duda mis secuencias fetiche. Me resultan de una belleza, sutileza, poderío y control superior. Realmente me motiva desafiarme a resolver estos problemas a vista. Este tipo de secuencias pocas veces te lo encuentras en escalada deportiva o en bloque, así que no descubrí que era mi estilo favorito hasta al de unos cuantos años escalando y de hecho hay una cantidad enorme de escaladores que nunca han probado este tipo de secuencias de movimientos.

Es común cuando empiezas a hacer largos de montaña llegar más ancho que alto por que ya has hecho algún pinito en el séptimo grado, sobre todo si estás acostumbrado a un estilo muy deportivo, tipo rodellar con grandes desplomes sobre mucho cazo, para de repente verte muy rápido llorando y temiendo por tu integridad física en un diedro de V+. De alguna manera no entiendes como ese V+ puede estar desplomado y no tiene ni pies ni verdaderas manos. Estás horrorizado al darte cuenta de que vas a tener que pisar las adherencias de las dos paredes viendo el patio directamente entre tus piernas, mientras vas a tener que mantear la adherencia o empotrar tu puño en esa fisura puntiaguda para remar hacia arriba.

Será un V+ pero aquí no hay pasos obvios ni presas de colorines. Hay que echarse al barro, ir remando y más te vale hacerlo sólido por que vas a tener que buscar donde poner algo de protección antes de llegar a ese pitón que ves brillar a cuatro metros. Bueno, eso si estas en caliza, en granito lo normal es que no tengamos ni reuniones equipadas. Tú y la montaña.

Este estilo de escalada suena duro, por que es duro. Estas técnicas, fuerzas pero sobre todo control mental requerido es prácticamente imposible de replicar y aprender en el rocódromo. Por mucho que hayamos hecho un bloque de lance de 6b+ o una vía de regletas en desplome de 7a, no nos garantiza el poder cantearnos en un diedro, chimenea o sistema de fisuras. Tampoco será ahí donde aprendamos a aguantar la tensión al tener que montar una reunión colgada debajo de un techo justo antes del séptimo largo de una vía de trece. Aunque hayamos pasado medio invierno colgados del campus, seguiremos sintiendo como se nos suben los bíceps descontroladamente al intentar aguantar el lay-back en la fisura de 6a+ mientras intentamos poner un microfriend en la base del paso que nos está haciendo temblar las piernas.

Los antiguos escaladores que inventaron la deportiva tenían bien mamado de antemano todo esto antes de lanzarse a las macarradas de los 90 sobre desplomes, regletas y monodedos. Mucha gente se piensa que esto último es el epicentro de la escalada, por que es lo más vistoso, lo que más llama la atención, lo que más clicks tiene en youtube y lo que nos llega a instagram. La deportiva a pesar de tener chapas y de en teoría estar centrada en la dificultad atlética mientras reduce el riesgo, no es una actividad fácil y puede ser muy frustrante para iniciarse a la montaña y ver progreso en un primer momento. De hecho, hay lugares espectaculares para hacer deportiva, pero también hay muchos sectores en los que se suele escalar en barranquitos de entre 15 y 30m a poca distancia del coche y en sitios bastante feuchos. Obviamente no cuesta mucho imaginar que la montaña es mucho más amplia que eso y que se puede sintonizar actividades infinitamente más salvajes y a la vez accesibles.

También hay muchos estereotipos sobre la “jerarquía de progresos”, hay gente que se piensa que hasta que no haces séptimos en el rocódromo eres un paquete y no pintas nada en las montañas, mientras que se puede escalar algunas de las montañas más emblemáticas de la península sin pasar del V grado e incluso con sesenta años y algo de barriga. A la inversa, me sigue haciendo mucha gracia los chavales que por tener algún 7a encadenado en presas de colores, se creen más altos en la cadena alimentícia que algunos de los escaladores clásicos que abrieron y liberaron vías de montaña alrededor del 6a hace treinta años.

Mi punto es que en esto de la escalada no hay reglas fijas. Si te gustaría hacer montaña o fisuras, en algún punto tienes que lanzarte a la piscina. Obviamente, empezar extremadamente humilde y de una forma encuadrada, pero lanzarte a la piscina e ir dando pasitos. Pero que nadie te diga que tienes que pasar un número determinado de horas en el gimnasio o que necesitas hacer tantas dominadas antes de poder hacer montaña; yo pensé de esa forma muchos años y me doy cuenta que no podía estar más equivocado. De lo poco (o mucho) que hace falta para hacer montaña es actitud y compromiso. A veces en la vida hay que dejar de prepararse, de entrenar, de acumular medallitas y títulos para simplemente hacer cosas de verdad. No habré ni encadenado 7b+ en deportiva todavía, pero a lo tonto he hecho una vía de algo más de 1000m en un océano de granito en autoprotección, abierto por primera vez una vía a una pared virgen de 300m con dificultades hasta 6b y he escalado bastantes vías clásicas a picos que quitan el hipo a primera vista.

Una vez que te has lanzado y has dado tus primeros pinitos ya perteneces al club de la lucha. Una vez dentro, entrenar puede ya tener sentido si quieres pasar al club de los recios, te ayudará a reforzar fortalezas o a acortar debilidades, pero por si solo nunca te meterá en ese tren. Ya sé que nos gustaría poder aprender ciertas cosas desde el confort y pensar que podemos controlar todas las variable antes de lanzarnos al ruedo. Pero la escalada clásica, como muchas facetas de la vida, simplemente no es así, y por eso se considera una actividad recia, hay que estar cómodo en la incomodidad y el desafío. Hay que mancharse la cara de barro.

Bueno, del club de los recios ya iremos escribiendo, que primero tengo que ganarle la plaza, pero de momento os recomiendo disfrutar con calma de los cuartos de montaña que es de lo más bonito que ofrece la escalada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: